Las emisiones globales del sector de la moda aumentaron un 6,3 % entre 2023 y 2024, según la actualización de 2026 de la «Hoja de ruta hacia las emisiones netas cero» (Roadmap to Net Zero) del Apparel Impact Institute. Se trata del segundo incremento anual consecutivo, un resultado que la organización atribuye principalmente al creciente uso de fibras, especialmente el poliéster derivado del petróleo.
Este hallazgo pone de manifiesto una tensión fundamental en la moda sostenible. Los proyectos de eficiencia y de energías renovables pueden reducir las emisiones en instalaciones individuales; sin embargo, las emisiones totales pueden seguir aumentando cuando la producción crece a un ritmo superior al de dichas mejoras.
De las promesas de marca a los proyectos de fábrica
El informe sostiene que la siguiente etapa de la descarbonización debe llevarse a cabo a nivel de las instalaciones. Esto implica transformar compromisos generales en cambios concretos, como la electrificación térmica, el uso de electricidad renovable y las mejoras en la eficiencia energética, priorizando aquellas áreas donde la demanda de energía y calor es mayor.
El procesamiento textil en instalaciones de nivel 2 es especialmente importante, ya que el teñido, el acabado y otros procesos pueden requerir una cantidad considerable de calor. Cambiar los materiales es importante, pero también lo es el sistema energético que respalda cada etapa de la producción.
El informe destaca ejemplos de progreso. PUMA señaló que las fuentes renovables suministraron aproximadamente el 33 % de la energía utilizada por sus fábricas principales en 2025, superando su objetivo del 25 %. Shenzhou International Group informó que la electricidad renovable representó más del 60 % del consumo total en 2024 y registró una reducción del 16,8 % en las emisiones de Alcance 1 y 2 entre 2020 y 2024. H&M Group redujo de 118 a 10 el número de fábricas proveedoras (de niveles 1, 2 y 3) que utilizaban calderas de carbón en sus instalaciones entre 2022 y 2025.
Estos ejemplos muestran lo que es técnicamente posible. No demuestran que todo el sector vaya por buen camino.
El problema de financiación se sitúa aguas arriba.
Gran parte de la huella operativa del sector de la moda corresponde a los proveedores, mientras que el poder de compra y los márgenes vinculados al consumidor suelen concentrarse en otros eslabones de la cadena de valor. Es posible que los proveedores carezcan de capital asequible, de compromisos de compra estables o de acceso a electricidad limpia e infraestructura de red.
Por ello, el Instituto insta a las marcas, las instituciones financieras, los responsables de formular políticas y los socios de implementación a compartir la carga financiera y operativa. Sin esa alineación, podría exigirse a un proveedor que invierta en equipos de larga vida útil mientras se enfrenta a pedidos a corto plazo y a presiones sobre los precios.
No se trata solo de un problema tecnológico. Es una cuestión de quién asume el riesgo, quién captura el valor y si los contratos comerciales respaldan la transición que promueven.
Las emisiones absolutas son el verdadero marcador.
La intensidad de carbono mide las emisiones por prenda, por kilogramo de material o por unidad de ingresos. Estas métricas son útiles, pero pueden mejorar incluso mientras aumentan las emisiones totales. Los objetivos climáticos dependen de reducciones absolutas, no solo de un ratio más limpio asociado a un volumen de producción creciente.
Por tanto, las cuatro prioridades del informe están interconectadas: implementar proyectos a nivel de las instalaciones, financiar a los proveedores, replicar soluciones verificadas y afrontar el crecimiento de la producción logrando al mismo tiempo reducciones absolutas.
Los modelos circulares pueden contribuir prolongando la vida útil de los productos, aumentando la eficiencia en el uso de materiales y reduciendo la demanda de fibra virgen. No sustituyen a la rápida descarbonización energética en la industria manufacturera.
El Mythic Mode perspectiva
La moda sostenible gana credibilidad cuando el relato trasciende las etiquetas y se centra en la infraestructura. La huella de una prenda viene determinada por las fibras, el calor, la electricidad, la maquinaria de las fábricas, la logística y la vida útil del producto.
El aumento del 6,3 % es una estimación del sector basada en la metodología del Instituto y en los datos disponibles, no un inventario medido con exactitud de cada productor. Su valor es orientativo y operativo: el crecimiento del sistema está superando los avances aislados.
Para las marcas, la cuestión decisiva ya no es si un proyecto piloto puede funcionar, sino si la financiación, las prácticas de compra y la implementación en las fábricas pueden convertir las intervenciones ya probadas en la norma, a la escala que exige el objetivo climático.